martes, 8 de junio de 2010

Algunos, de los "llamados", cuentos de los hermanos Green.

¿Por qué llamados?

Porque, como suele pasar también en otro orden de cosas, varios humanos, luego de un cierto tiempo, comienzan a perder de vista las referencias, donde se verifican "las cosas". (luego, en algunos casos, nos encontramos hasta consintiendo con cierto deambular dentro de una gran nube de ignorancia).

Como resulto, ser poseedor de una edición "del libro de los hermanos Grenn" que respeta el formato original, contemplando solo la traducción al español como diferencia.

Les puedo comentar que en su prologo, estos aclaran que han tratado de realizar las transcripciones mas literales, de forma tal que conservaran de la medida de lo posible, la forma en la que ellos la habían escuchado. Para cuando ellos lo hicieron, (1850) era una costumbre y una forma de organización social que "las abuelas", se encargaran del cuidado de los niños de la aldea, cuando no también de preparar la comida, ya que los más jóvenes estaban dedicados a realizar distintos trabajos fura del hogar, especialmente tares rurales. Esta realidad de esa época, fue determínate para que pudieran observar y sorprenderse con la eficaz forma de trasmisión cultural que practicaba la sociedad de aquel entonces. No pudiendo ignorarla, dicen, emprendieron la labor de "salir" a juntar esos relatos y registrarlos. Con esa misión principal.

Los relatos originales, que de esa forma los voy transcribir aquí, contiene una semejante rusticidad y grotesca secuencias descriptivas, que no las clasificaría, como muy lejanas a las imágenes de tantas caricaturas que nos han acompañado. (me refiero a personajes, aplastados por un yunque, reventados por la ingesta de de TNT, que el dúo de Tom y Daly ilustran exponer este ejemplo, mejor que yo).

¿Por qué él grotesco? Según el que suscribe.

Tal vez, por falta de presupuesto para vacaciones, recurro a "cierto" viaje por mis recuerdos. Si bien lo he escrito, a propósito, con humor, lo realizo con mucha seriedad y recomiendo el método de estudio. Recuerdo, por ello que cuando comenzó a "molestarme que me tratan por chico", me comenzó a molestar también, los encuentros con alguna señora que se dirige a los niños sobre actuando, sean textos o acciones, y por tanto, antes de ese cambio en mí no me molestaba más, que me agradaran, no dependía de esa sobre actuación ( o grotesco) sino de alguna "cosa" que a veces fluía en las relaciones "con los grandes" y otras veces no. Y... Allí deberemos centrar nuestra atención. Veamos un sencillo ejemplo: Resulta que, durante la fecundación un esperma tiene la gracia de entrar dentro de un cigoto....y....una membrana prelucida....luego de varias divisiones mitóticas......mórula...blástula.....embrión.....hermanito ,,,un relato de este tipo puede serle a un niño, tan comprensible o razonable como, a cualquiera de nosotros, tomar conciencia de que nos encontramos sobre un planeta que gira a aproximadamente a 75000 Km/hs alrededor del sol y que sobre su eje 1000Km/hs.

Los adultos y los menores, nos vemos obligados a ignorar criterios que nos resulten inaccesibles. Pacerse todo indicar que está en nuestra naturaleza. Como natural es, que el lenguaje oral y escrito, es parte fundacional del desarrollo cultural, pero siempre coparticipe de un proceso comunicacional más complejo. Al que siempre que estemos involucrados íntimamente, podremos corregir los posibles, naturales y "seguros" errores que como adultos cometeremos.

Por esta razón. algunos que he conocido cundo mis niños eran muy pequeños recomendaban leer estrictamente lo que está escrito, confiando en el escritor y el lenguaje. Más, que arriesgarse, a ponerle "onda".

La bola de cristal

Vivía en otros tiempos una hechicera que tenía tres hijos, los cuales se amaban como buenos hermanos; pero la vieja no se fiaba de ellos, temiendo que quisieran arrebatarle su poder. Por eso transformó al mayor en águila, que anidó en la cima de una rocosa montaña, y sólo alguna que otra vez se le veía describiendo amplios círculos en la inmensidad del cielo. Al segundo lo convirtió en ballena, condenándolo a vivir en el seno del mar, y sólo de vez en cuando asomaba a la superficie, proyectando a gran altura un poderoso chorro de agua. Uno y otro recobraban su figura humana por espacio de dos horas cada día. El tercer hijo, temiendo verse también convertido en alimaña, oso o lobo, por ejemplo, huyó secretamente.

Habíase enterado de que en el castillo del Sol de Oro residía una princesa encantada que aguardaba la hora de su liberación; pero quien intentase la empresa exponía su vida, y ya veintitrés jóvenes habían sucumbido tristemente. Sólo otro podía probar suerte, y nadie más después de él. Y como era un mozo de corazón intrépido, decidió ir en busca del castillo del Sol de Oro.

Llevaba ya mucho tiempo en camino, sin lograr dar con el castillo, cuando se encontró extraviado en un inmenso bosque. De pronto descubrió a lo lejos dos gigantes que le hacían señas con la mano, y cuando se hubo acercado, le dijeron:

- Estamos disputando acerca de quién de los dos ha de quedarse con este sombrero, y, puesto que somos igual de fuertes, ninguno puede vencer al otro. Como vosotros, los hombrecillos, sois más listos que nosotros, hemos pensado que tú decidas.

- ¿Cómo es posible que os peleéis por un viejo sombrero? -exclamó el joven.

- Es que tú ignoras sus virtudes. Es un sombrero milagroso, pues todo aquel que se lo pone, en un instante será transportado a cualquier lugar que desee.

- Venga el sombrero -dijo el mozo-. Me adelantaré un trecho con él, y, cuando llame, echad a correr; lo daré al primero que me alcance.

Y calándose el sombrero, se alejó. Pero, llena su mente de la princesa, olvidóse en seguida de los gigantes. Suspirando desde el fondo del pecho, exclamó:

- ¡Ah, si pudiese encontrarme en el castillo del Sol de Oro! -y, no bien habían salido estas palabras de sus labios, hallóse en la cima de una alta montaña, ante la puerta del alcázar.

Entró y recorrió todos los salones, encontrando a la princesa en el último. Pero, ¡qué susto se llevó al verla!. Tenía la cara de color ceniciento, lleno de arrugas; los ojos, turbios, y el cabello, rojo.

- ¿Vos sois la princesa cuya belleza ensalza el mundo entero?

- ¡Ay! -respondió ella-, ésta que contemplas no es mi figura propia. Los ojos humanos sólo pueden verme en esta horrible apariencia; mas para que sepas cómo soy en realidad, mira en este espejo, que no yerra y refleja mi imagen verdadera.

Y puso en su mano un espejo, en el cual vio el joven la figura de la doncella más hermosa del mundo entero; y de sus ojos fluían amargas lágrimas que rodaban por sus mejillas. Díjole entonces:

- ¿Cómo puedes ser redimida? Yo no retrocedo ante ningún peligro.

- Quien se apodere de la bola de cristal y la presente al brujo, quebrará su poder y me restituirá mi figura original. ¡Ay! -añadió-, muchos han pagado con la vida el intento, y, viéndote tan joven, me duele ver el que te expongas a tan gran peligro por mí.

- Nada me detendrá -replicó él-, pero dime qué debo hacer.

- Vas a saberlo todo -dijo la princesa-: Si desciendes la montaña en cuya cima estamos, encontrarás al pie, junto a una fuente, un salvaje bisonte, con el cual habrás de luchar. Si logras darle muerte, se levantará de él un pájaro de fuego, que lleva en el cuerpo un huevo ardiente, y este huevo tiene por yema una bola de cristal. Pero el pájaro no soltará el huevo a menos de ser forzado a ello, y, si cae al suelo, se encenderá, quemando cuanto haya a su alrededor, disolviéndose él junto con la bola de cristal, y entonces todas tus fatigas habrán sido inútiles.

Bajó el mozo a la fuente, y en seguida oyó los resoplidos y feroces bramidos del bisonte. Tras larga lucha consiguió traspasarlo con su espada, y el monstruo cayó sin vida. En el mismo instante desprendióse de su cuerpo el ave de fuego y emprendió el vuelo; pero el águila, o sea, el hermano del joven, que acudió volando entre las nubes, lanzóse en su persecución, empujándola hacia el mar y acosándola a picotazos, hasta que la otra, incapaz de seguir resistiendo, soltó el huevo. Pero éste no fue a caer al mar, sino en la cabaña de un pescador situada en la orilla, donde en seguida empezó a humear y despedir llamas. Eleváronse entonces gigantescas olas que, inundando la choza, extinguieron el fuego. Habían sido provocadas por el hermano, transformado en ballena, y, una vez el incendio estuvo apagado, nuestro doncel corrió a buscar el huevo, y tuvo la suerte de encontrarlo. No se había derretido aún, mas, por la acción del agua fría, la cáscara se había roto y, así, el mozo pudo extraer, indemne, la bola de cristal.

Al presentarse con ella al brujo y mostrársela, dijo éste:

- Mi poder ha quedado destruido, y, desde este momento, tú eres rey del castillo del Sol de Oro. Puedes también desencantar a tus hermanos, devolviéndoles su figura humana.

Corrió el joven al encuentro de la princesa y, al entrar en su aposento, la vio en todo el esplendor de su belleza y, rebosantes de alegría, los dos intercambiaron sus anillos. Fin.

LA DANZA DE LAS DOCE PRINCESAS

Había una vez un rey que tenía 12 hermosas hijas. Éstas dormían todas en una habitación y cuando se iban a la cama, las puertas se cerraban bajo llave. Sin embargo, todas las mañanas sus zapatos aparecían muy desgastados como si hubiesen bailado con ellos toda la noche. Nadie se explicaba cómo ocurría, ni dónde podían haber estado las princesas.

Así que el Rey se lo hizo saber a todo el reino que si alguien descubría el secreto y averiguaba a dónde iban las princesas a bailar cada noche, podría elegir a la que más le gustase para casarse con ella, y se convertiría en Rey tras su muerte. Pero todo aquel que lo intentara sin éxito, después de tres días y tres noches se le condenaría a muerte.

Al poco tiempo llegó el hijo de un rey, éste fue bien recibido y al atardecer le llevaron a la habitación contigua a la de las princesas y sus doce camas. Allí estaba él para ver dónde iban ellas a bailar; y para que nada ocurriese sin que él lo escuchara, dejó la puerta de su habitación entreabierta. Pero pronto aquel príncipe se durmió; y cuando despertó se encontró con que las princesas habían estado bailando pues las suelas de sus zapatos estaban llenas de agujeros.

Lo mismo ocurrió la segunda y tercera noche y así el Rey ordenó que se le decapitara .

Tras él llegaron unos algunos más pero todos corrieron la misma suerte y perdieron sus vidas del mismo modo.

Ocurrió que un viejo soldado, el cual había sido herido en batalla y no podía volver a luchar, pasó por el país donde este Rey reinaba y según viajaba por un bosque, conoció a una anciana que le preguntó que a dónde se dirigía.

“Apenas sé dónde voy o lo que debería hacer ” dijo el soldado. “Pero me gustaría descubrir el sitio dónde van las princesas a bailar y así en un tiempo sería Rey.”

“Bien”, dijo la anciana, “no es una tarea difícil: tan solo cuídate de no beber nada del vino que una de las princesas te llevará al atardecer; y en cuanto se vaya intenta dormirte rápidamente.

Entonces ella le dio una capa y le dijo: “cuando te la pongas te convertirás en invisible, entonces te será posible seguir a las princesas donde quiera que vayan.” Cuando el soldado escuchó ese buen consejo decidió probar su suerte, así que fue al Rey y le dijo que estaba dispuesto a asumir la tarea.

Fue tan bien recibido como lo habían sido los anteriores, y el Rey ordenó que se le dieran finas ropas reales; y cuando llegó el atardecer se le condujo a la habitación exterior.

Justo cuando iba a echarse, la mayor de las princesas le llevó una copa de vino; pero el soldado la tiró a escondidas , cuidándose de no beber ni una gota. Entonces se echó en la cama y en un momento empezó a roncar muy alto como si se hubiese dormido rápidamente.

Cuando las princesas le oyeron empezaron a reírse a pleno pulmón ; y la más mayor dijo: ¡nuestro amigo debería haber hecho otra cosa más prudente también, en vez de perder la vida de este modo! Entonces ellas se levantaron y abrieron sus cajones y cajas, y sacaron todas sus ropas elegantes y se vistieron frente al espejo y saltaron como si estuviesen ansiosas por empezar a bailar.

Pero la más joven dijo: “no sé por qué, pero mientras vosotras estáis tan felices yo estoy preocupada ; estoy segura de que tendremos algún contratiempo”

“Qué inocentona eres”, dijo la más mayor; “siempre estás asustada; ¿has olvidado cuántos príncipes nos han vigilado ya en vano?” ¿Y para este soldado, incluso si no le hubiese dado el trago del sueño, hubiera dormido lo bastante profundo?”

Cuando todas estaban preparadas, fueron a ver al soldado pero el roncó y no movió ni una mano ni un pie: así que pensaron que estaban a salvo.

Entonces la mayor fue a su cama y dio una palmada y la cama se hundió en el suelo y salió una trampilla abierta. El soldado las vio bajando por la trampilla una detrás de otra con la mayor al frente ; pensó que no tenía tiempo que perder, se levantó, se puso la capa que la anciana le había dado y las siguió.

Sin embargo en las escaleras pisó el largo vestido de la más joven y ésta les gritó a sus hermanas: “Algo no va bien, alguien me ha agarrado del vestido”.

“¡Criatura tonta!” Dijo la mayor, “No es nada más que un clavo en la pared.”

Bajaron todas y se encontraron en una encantadora arboleda; y todas las hojas eran de plata y brillaban y chisporroteaban de un modo precioso. El soldado quiso coger alguna prueba del lugar; así que partió una pequeña rama la cual hizo un fuerte ruido. Entonces la hija pequeña dijo de nuevo: “estoy segura de que algo no va bien – ¿no habéis oído ese ruido? Eso no había ocurrido nunca.”

Pero la mayor dijo: “son tan solo nuestros príncipes que gritan de alegría al acercarnos”.

Llegaron a otra arboleda donde todas las hojas eran de oro; y después a una tercera donde todas las hojas eran brillantes diamantes. Y el soldado rompió una rama de cada una; y cada vez había un fuerte ruido, que hacía que la hermana más joven temblase de miedo. Pero la mayor volvía a decir que eran los príncipes chillando de alegría.

Siguieron hasta que llegaron a un gran lago; y a la orilla del lago, había 12 pequeños botes con 12 apuestos príncipes que parecían estar esperando allí a las princesas.

Cada una de las princesas se subió en un bote y el soldado subió en el mismo que lo hizo la más joven. Y según iban remando por el lago, el príncipe que iba en el bote con la más joven y el soldado dijo: “no se por qué pero pese a que estoy remando con todas mis fuerzas no avanzamos tan rápido como de costumbre, y estoy muy cansado: el bote parece muy pesado hoy.”

“Es tan solo el clima caluroso” dijo la princesa, “yo tengo calor también”.

Al otro lado del lago se levantaba un magnífico e iluminado castillo de donde provenía una alegre música de cornetas y trompetas. Allí se bajaron todos, y entraron al castillo, y cada príncipe bailó con su princesa; y el soldado que aún era invisible, bailó con ellos también. Cuando alguna de las princesas se servía una copa de vino, él se la bebía entera antes así cuando la copa llegaba a la boca llegaba vacía. Por ello también, la hermana más joven estaba terriblemente asustada, pero la mayor siempre la hacía callar.

Bailaron hasta las 3 de la mañana, y entonces los zapatos estaban ya gastados así que ellas debían marcharse. Los príncipes remaron de vuelta por el lago (pero esta vez el soldado se subió al bote de la más mayor); y en la otra orilla ellas se despidieron de cada uno y les prometieron que volverían la noche siguiente.

Cuando llegaron a las escaleras el soldado adelantó a las princesas y se echó. Y según llegaban las doce cansadas hermanas lentamente le oían roncando en su cama y dijeron: “Ahora estamos seguras”. Luego se desvistieron, se quitaron sus elegantes vestidos y los zapatos y se fueron a la cama.

Por la mañana el soldado no dijo nada de lo que había ocurrido, pero decidió ver algo más de esa extraña aventura, y volvió la segunda y tercera noche. Todo ocurrió como la vez anterior: las princesas bailaron hasta que los zapatos se desgastaban hechos pedazos, y entonces volvían a casa. En la tercera noche el soldado se llevó una de las copas de oro como prueba de donde había estado.

Tan pronto como llegó el momento en que debía revelar el secreto, fue llevado ante el rey con las tres ramas y la copa de oro; y las doce princesas se quedaron detrás de la puerta para escuchar lo que él iba a decir.

El Rey le preguntó: “¿dónde bailan mis doce hijas por la noche?”.

El soldado respondió: “con doce príncipes en un castillo subterráneo ”. Entonces le contó al Rey todo lo que había sucedido y le mostró las tres ramas y la copa de oro que se había traído.

El Rey hizo llamar a las princesas y les preguntó si lo que decía el soldado era verdad y cuando vieron que habían sido descubiertas, y que no serviría de nada negar todo lo ocurrido, lo confesaron todo.

Así que el Rey preguntó al soldado cuál de las princesas elegiría para ser su esposa, y éste respondió: “no soy muy joven, así que tomaré a la mayor” – y se casaron aquel mismo día, y el soldado fue elegido para ser el heredero del Rey.

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